DEL BAD BOWL AL BAD BUNNY
El reciente evento, uno de los más importantes y vistos a nivel mundial, se encuentra envuelto en un escándalo mediático y las redes están incendiadas en comentarios que apoyan o demeritan lo sucedido. Pero creo que casi ninguno está viendo la raíz del problema. Técnica y científicamente esto se llama: Entropía: la ley del caos (moral) desde la caída de nuestros primeros padres. Bíblica y espiritualmente, lo llamamos por su nombre: pecado.
REFLECTIONSTHEOLOGICAL INSIGHTS
A. C. R
2/10/20263 min leer


La música evoca belleza, arte; inspira amor y romance… Y por supuesto, la música también transmite. Y aquí radica su naturaleza dual. Por un lado, eleva los pensamientos: inspira al poeta, al enamorado, al artista; serena el alma turbulenta, trae paz a la mente acongojada, relaja al abatido en sueños; inyecta energía, despierta, activa, concentra.
Pero también existe su contraparte oscura: ese joven que después de inundar su mente con música ruidosa, opta por acabar con su vida, con un arma, en su auto; del esposo o la esposa envueltos en un crimen pasional inspirados, si así se puede decir, por una melodía. Porque esto es precisamente lo que la música hace: transmite. Porque no conoce barreras raciales, lingüísticas, sociales, económicas, religiosas, su lenguaje es universal, y puede tanto servir a lo bueno, como a lo malo.
Y hablando concretamente del Super Bowl, muchos medios e influencers famosos alabaron el show de medio tiempo. Pero lo que presenciamos no fue arte: fue un desfile de perversión coreografiada, con hombres y mujeres “emperrados”, contorsionándose explícitamente, como poseídos por el espíritu de la lujuria; un espectáculo que usó la música como vehículo de degradación, y un cantante proliferando palabras casi ininteligibles. Siendo hablante hispano me cuesta comprender qué se dice, excepto que casi todas las palabras obscenas y vulgares sí asaltan al oído violentamente.
Y la pregunta del millón: ¿Qué transmitió ese evento? No solo transmitió un mensaje: lo gritó. Y no fue el que quiso transmitir el artista y su elenco, sino una verdad más oscura:
• A nivel individual: Que ya no nos importa lo que consumen nuestros hijos frente a las pantallas.
• A nivel social: Que estamos llamando bueno a lo malo y malo a lo bueno; que nos acostumbramos al olor putrefacto de una sociedad en descomposición.
• A nivel cultural: Que existe una pedagogía del caos, un adoctrinamiento que normaliza la degradación, y pocos se molestan en verlo.
Esta no es solo una crisis contemporánea. Es el cumplimiento de una progresión que la Escritura ya había diagnosticado. El libro de Proverbios nos presenta una radiografía moral de la humanidad caída: la facultad humana puesta al servicio del pecado; el pecado entrando por los sentidos, instalándose en el corazón no rendido a Dios, celebrándose en la cultura y culminando en discordia:
"Hay seis cosas que el Señor aborrece y siete que le son detestables":
1. Los ojos se exaltan → orgullo interior
2. La lengua miente → distorsión de la verdad
3. Las manos matan → violencia activa
4. El corazón planea → el mal ya es premeditado
5. Los pies corren → el pecado se vuelve hábito
6. El testigo falso habla → corrupción social
7. La discordia se siembra → ruptura comunitaria (Proverbios 6:16-19)
Esto no es solo conducta individual. Es la descomposición completa del ser humano y de la comunidad.
Por lo tanto, estés de acuerdo o no, la polémica de si esto representa lo latino, lo hispano o lo americano, pasa a segundo término. Como seguidores de Cristo, como ciudadanos de un Reino que no es de este mundo, el asunto no es cultural, es espiritual. No se trata de estar a favor o en contra de políticas migratorias o del trato injusto a nuestros paisanos.
Se trata de algo mucho más urgente: mientras la cultura aplaude su propia degradación, nosotros tenemos un mensaje que no puede esperar. Un mundo que celebra su podredumbre no necesita nuestra aprobación. Necesita escuchar que hay un Rey que viene a poner fin a este espectáculo de muerte.
Urge proclamar a Cristo, porque urge que Él venga y restaure lo que el pecado ha destruido.
Y tú, ¿de qué lado estás? ¿Vas a seguir aplaudiendo lo que Dios aborrece, o te atreverás a ser Su voz en medio de una cultura que ha perdido el rumbo?
El mundo necesita testigos, no espectadores.
(Revisa mis otros artículos).
