Bendito Desastre: Por qué Dios ama tus ruinas.

El Dios del Reciclaje Divino... Por qué tu caos es Su mejor materia prima

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A.C.R

12/9/20252 min leer

En el liderazgo y en la vida espiritual, a menudo caemos en la trampa del perfeccionismo. Creemos que Dios solo opera en escenarios inmaculados, dentro de reglas estrictas y con personas que tienen el historial perfecto. Sin embargo, una lectura profunda del inicio de 1 Samuel nos revela un giro inesperado: Dios no es rehén de sus propias reglas ceremoniales, y definitivamente no le asustan nuestros desastres.

El Escenario del Caos Si miramos el contexto del nacimiento de Samuel, todo estaba mal. Teníamos un matrimonio disfuncional y polígamo con Elcana; una mujer consumida por la amargura y el acoso como Ana; y un liderazgo espiritual, encabezado por Elí, que era ciego, permisivo y cuyos hijos eran corruptos.

La lógica humana dictaría que Dios debía destruir ese escenario y empezar de cero en otro lugar. Pero Dios no trabaja con nuestra lógica. Él es experto en reciclar escombros.

Protocolo vs. Propósito Lo más fascinante es cómo Dios manejó la "legalidad" de la época. Ofni y Finees, los hijos de Elí, tenían la sangre correcta; poseían el "ADN de Aarón". Tenían el cargo, las credenciales y el derecho legal de estar en el altar. Pero tenían el espíritu incorrecto.

Por otro lado, Samuel tenía la sangre "incorrecta" para el sacerdocio (era levita coatita, no sacerdote aarónico). Pero tenía el espíritu correcto.

¿Qué hizo Dios? Dios estuvo dispuesto a "romper" su propio protocolo ceremonial para salvar su propósito eterno. Dios demostró que la obediencia de un corazón puro pesa más que la credencial de un linaje corrupto.

Unción sobre Título Esta historia nos deja una lección vital para el liderazgo moderno: Dios prefiere la unción sin título, que el título sin unción. Dios no elige a sus líderes basándose en un "currículum genético" o en la perfección de sus circunstancias, sino en su disponibilidad profética.

Dios usó la esterilidad de Ana para traer al profeta. Usó la soledad de Elí para entrenar al niño. Usó la crisis del sacerdocio para inaugurar la era de los reyes.

Quizás hoy mires tu ministerio, tu familia o tu vida personal y solo veas piezas rotas. Quizás sientas que no "calificas" según los protocolos religiosos o sociales. Pero recuerda esto: Lo que para el hombre parecía el fin de la fe en Israel (Icabod, "la gloria ha partido"), fue en realidad el parto de una nueva era de esperanza (Samuel y David).

No escondas tus escombros. Entrégaselos a Dios. Él está a punto de construir algo histórico con ellos.

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